La detección de una comunidad bacteriana viable en agua pesada (D₂O) de alta pureza, almacenada durante más de 30 años en recipientes herméticamente cerrados, planteó una cuestión fundamental: cómo estos microorganismos pudieron sobrevivir, e incluso mantenerse activos, en un entorno aparentemente desprovisto de fuentes externas de energía. Una de las hipótesis planteadas es que los productos de la radiación cósmica secundaria (rayos gamma, muones y neutrones), o las interacciones de esta radiación con el propio D₂O, puedan proporcionar la energía suficiente para mantener la viabilidad de esta comunidad microbiana.
Para poner a prueba esta hipótesis, en 2022 se inició un experimento de larga duración en el LSC, donde se comparó la evolución de comunidades bacterianas incubadas en condiciones de muy baja radiación con muestras mantenidas en superficie y diferentes controles experimentales. Aunque el primer estudio encontró limitaciones metodológicas que impidieron cuantificar con precisión la abundancia bacteriana debido a la formación de agregados celulares, los resultados revelaron cambios en la composición y dinámica de las comunidades microbianas, así como una diversidad genética mayor de la esperada.
Las conclusiones obtenidas han permitido rediseñar el experimento y plantear una nueva fase, orientada a determinar con mayor precisión el efecto de la reducción de la radiación sobre la supervivencia, la estructura de las comunidades bacterianas y los mecanismos moleculares que podrían explicar su adaptación a condiciones energéticamente extremas.